En las entrañas de la Alemania nazi. Trilogía

19,90  IVA incl.

«A la sombra de la cruz gamada»
«La tragedia parda»
«Policía política hitleriana»

Autor: Xavier de Hauteclocque
Traducción: Manuel Ángel Gómez Angulo
Diseño de cubierta: Juande
Tamaño: 17 x 24 cm., 420 págs., b/n.
Encuadernación: rústica con solapas, color, plastificada mate.
Año: 2023
Edita: Editorial Tréveris
ISBN: 9788412502237
Depósito Legal: CA 531-2019

Descripción

Uno de los invitados me ha llevado al jardín. Judío americano, representa en Alemania los intereses de una gran firma cinematográfica de Hollywood. Sopesando cada sílaba, me dice:
– De modo que repita a sus lectores franceses lo que va usted a oír.
Me dedico a negocios de películas con el ministerio de la Reichswehr. A menudo invito a orgías a oficiales de alto rango. De ellos, unos cuantos se han hecho amigos, si no míos, de la empresa. Me aconsejan que no cierre tratos importantes con Polonia.
– Pues, claro –digo yo–, quieren quedarse con el pastel para ellos solos.
No. Dicen que Polonia será invadida, a título de ensayo, por dos o trescientos mil hitlerianos, apoyados por divisiones regulares del ejército alemán, que se limitarán en un principio a observar los acontecimientos. Y si Francia no se mueve –algo de lo que esos señores están persuadidos–, después le tocará a ella.
–Y ¿cuándo se rodará ese guion?
–Por norma general –dice el mánager de la gran firma yanqui–, nosotros prevemos para nuestros contratos un plazo de ejecución de tres años.
1936. Fecha fatídica…

El reportaje que van a leer ha sido llevado a cabo en abril, mayo y junio de 1933, en una Alemania en plena revolución «nacional». Desde entonces, la situación política parece haber evolucionado en el sentido de la moderación.
No se han masacrado judíos, se dirigen sonrisas a Polonia, se gobierna a la derecha. Hitler aprende a llevar el traje negro. Ocurre incluso que Langerberg, la emisora de radio nazi, eructa palabras pacifistas, trueno de frases que quisieran asfixiar el sordo susurro de las armas.
Creo que esta calma es ficticia.
Los verdaderos hitlerianos son aquellos a quienes vamos a intentar mostrar al natural. Aún no hay máscaras sobre esos rudos rostros de adolescentes, sudorosos y radiantes, que salen de una batalla feroz. He vivido entre ellos. Sacando partido a la ebriedad y a la confusión del triunfo, he visitado al detalle el campo de los vencedores. Sin embargo, no quería pillar a traición a aquellos cuyos secretos era preciso desvelar…

(Del prólogo de A la sombra de la cruz gamada)

ÍNDICE:

  • Volumen 1: A la sombra de la cruz gamada
    • Prefacio, por Pedro Bohórquez Gutiérrez
    • Primera parte: Patrullas hacia las líneas hitlerianas
    • Segunda parte: En el campo pardo
    • Apéndice de Hauteclocque
  • Volumen 2: La tragedia parda
    • Primera parte: Locuras
    • Segunda parte: Suplicios
  • Volumen 3: Policía política hitleriana
    • Primera parte: Gestapo. Policía política secreta
    • Segunda parte: Unterwelt. La Alemania invisible
  • Nota final acerca del autor

 

Acerca del autor

Xavier de Hauteclocque (1897-1935), novelista, reportero, espía de extracción noble, combatió muy joven en la Primera Guerra Mundial como suboficial de caballería.
Posteriormente, convertido en cronista de numerosos rotativos de entreguerras, viajó por Europa y Oriente Medio. Autor de un buen puñado de reportajes y de alguna novela, dejó su impronta en el convulso periodo de entreguerras con su trilogía sobre la Alemania nazi, aparecida por entregas en Francia en el semanario de centro-derecha Gringoire, entre 1933 y 1935. En ella analizaba la revolución hitleriana y alertaba sobre el peligro que acarreaba el inevitable rearme, la formación paramilitar de la población y el belicismo revanchista de sus líderes.
El régimen de Hitler lo declaró persona non grata a la publicación del segundo volumen, La tragedia parda. En una última misión, casi un mes después de una cita con supuestos oficiales anti nazis en Alemania, en la que aparentemente fue envenenado, falleció en París a los 37 años de edad y fue proclamado héroe de guerra con cuatro años de antelación al estallido de la II Guerra Mundial.

Xavier de Hauteclocque
Xavier de Hauteclocque

Extracto

Volumen 1: A la sombra de la cruz gamada

I
CREPÚSCULO DE LOS DIOSES

Viena, 14 de abril. Cena para tres en casa de mi amigo Otto von Z… Él es el tipo de austríaco de clase alta, elegante, refinado, alemán de corazón, francés de modales. Riquísimo en otro tiempo, repara las brechas de sus rentas tratando con negocios bastante misteriosos: vende metales.
Se venden muchos metales en la Europa central, en la actualidad. Trocitos de cobre, a los que el vulgo denomina balas de fusil. Agujas de tricotar piel humana: bayonetas. Y esas lindas máquinas enteramente de acero, esas máquinas de descoser la existencia que son las ametralladoras. Dejémoslo. Los negocios de mi amigo Otto no me interesan. Lo que me interesa es el tercer comensal.
En confidencia, no tenemos derecho a pronunciar su nombre y mucho menos, a escribirlo. Se trata de una de las personalidades más eminentes de la intelectualidad alemana (tomen por ejemplo, como elemento de comparación, al rector de nuestra facultad de derecho de París). Mi rector germánico es una de las cabezas del partido de Von Papen1. Conoce personalmente al mariscal Von Hindenburg2 y al Kronprinz3. En él se encarna el alma de esta vieja y poderosa camarilla monárquica en la que se funden generales, grandes terratenientes y Herr Professoren:
La Alemania de antaño.
¿Por qué diablos se encuentra en Austria en lugar de dirigir su universidad en esta hora memorable en la que la Alemania del mañana se despierta? ¿Turista?
No: exiliado.
***
A ese pontífice de la reacción alemana, los hitlerianos no le prohíben formalmente residir en su país. Le han rogado cortésmente que suspenda sus lecciones y se vaya a tomar el aire al extranjero hasta nueva orden. Él es quien ha deseado verme a mí. Quería instruir a un periodista francés sobre la verdadera naturaleza del movimiento hitleriano. Yo espero sus diatribas, una explosión de furia o, al menos, confidencias desengañadas. Se trata de un alemán del Norte y de la especie violenta, del tipo «superhombre». La luz de los candelabros talla en bulto redondo los músculos de su gruesa cabeza cúbica. Resopla vorazmente entre la plata y la porcelana fina. Uno presiente que se hincha de manduca para ahogar su ira. Yo le planto un par de banderillas:
—Evidentemente, cuando comparamos a su amigo Von Papen, tan cortés, tan de raza, tan culto, con Hitler, quien, pese a todo su genio de agitador, no es… Nada más que un autodidacta…
—Napoleón también era un autodidacta y un agitador.
Seriamente, con sinceridad, ese gran intelectual alemán, ese representante de las antiguas clases alemanas dirigentes acaba de comparar a Hitler con Napoleón. La Alemania de antaño puede odiar en secreto al jefe de la Alemania de hoy, pero lo admira y lo sigue porque le tiene miedo.
Inútil reproducir al detalle lo que ese sabio profesor me ha comentado. En materia de política extranjera su facultad de comprensión no se eleva por encima del odio más brutal. Los polacos, para él, son «dreckmist» [bazofia, estiércol]4. En cuanto a política interna, cuando dejo caer en la conversación el nombre de Einstein, mi interlocutor responde en los mismos términos:
—Lástima que ese granuja de Einstein no haya vuelto a Berlín. Me habría gustado verlo balancearse al extremo de una cuerda, ahorcado bajo la puerta de Brandeburgo.
¡Oh, serenidad de la ciencia pura! Eso basta para caracterizar el nivel moral del personaje, eso explica asimismo por qué los hitlerianos surgidos del pueblo no tendrán dificultad alguna en suplantar a la antigua oligarquía espiritual o nobiliaria.
¿Y el porvenir?
Por fuera, mi eminente rector cree en la inminencia de una agresión simultánea de franceses y polacos. Obsesión de esa «guerra preventiva» que atormenta a todos los alemanes no marxistas, pertenezcan al partido que pertenezcan.
Por dentro, me deja entender sin necesidad de palabras que los actuales dirigentes del nacional-socialismo no permanecerán durante mucho tiempo como únicos animadores:
—El verdadero dueño de la situación —me dice textualmente— es el general Von Hammerstein Equord5 (generalísimo) y su Reichswehr6.
¡Con qué ternura me habla de esa Reichswehr, imbuida de los viejos principios, fiel a los antiguos ideales! ¡Con qué esperanza también! Un conflicto entre esas viejas tropas y las hordas de los camisas pardas, he ahí una eventualidad que no parece disgustarle. ¿Esperan los dioses, en su crepúsculo, que Parsifal, con su espada luminosa, anuncie la próxima aurora?
Es posible.
El rector come camembert:
—¡Qué queso! ¡Qué país, Francia! Me gusta ese país, sabe usted. Es nuestra «florecilla azul» propia, los Welt-Leute [traduzcan: los hombres que conocen el mundo].
***
Por haber elogiado el camembert y a Francia en presencia de un periodista francés, de golpe le entra miedo. Le espeta a Otto con una voz sorda:
—Lo que digo carece de importancia. El señor no conoce mi nombre, ¿no es cierto?
Por último, con no sé qué entonación de temor degradante, animal, con una risita de cascabel que tardaré mucho en olvidar:
—Hablar de política con un francés, si se supiera eso en el extranjero,… sería fusilado (sic).
«Ich waere erschossen». Los dioses de antaño tienen miedo del hitlerismo, tanto miedo como los pobres fantoches de ayer, políticos socialistas o dirigentes sindicales que revientan de miseria y de pena en los campos de concentración7.
Le he preguntado al rector si no podría darme recomendaciones para tal o cual de sus eminentes colegas, que han permanecido en activo y en gracia ante los nacional-socialistas. En la manera con la que ha reclamado su gabán, comprendí que había metido la pata.
Una vez que se fue, mi anfitrión me dijo entre risas, con un hilo de amargura en su ironía:
—En cualquier caso, ¡qué alternativa hay entre hacer el Anschluss9 con este tipo de nacionalistas prusianos o con los hitlerianos!
Otto von Z… cree pese a todo que el pueblo austriaco consumará el Anschluss hagan lo que hagan por impedirlo. Cree de igual modo que mi viaje a Alemania es totalmente inútil. Los hitlerianos, a su parecer, ni quieren ni pueden tener ningún contacto con un periodista «welche»9.
_______________
NOTAS:
(1) Franz von Papen (1879-1969), militar, diplomático y político monárquico alemán de confesión católica, nacido en Westphalia, perteneció al partido Zentrum; se le achaca, por sus intrigas desacertadas, entre ellas la de hacer caer al gobierno Brüning, el ascenso y posterior asalto al poder de los hitlerianos [Todas las notas son del traductor, si no se especifica lo contrario].
(2) Paul von Hindenburg (1847-1934), mariscal alemán y general en jefe del ejército durante la Primera Guerra Mundial, presidente del Reich desde 1925 hasta su muerte. En 1933, nombra a Hitler nuevo canciller de Alemania.
(3) Guillermo de Hohenzollern (1882-1951), conocido como Guillermo de Prusia o Kronprinz, fue hasta 1918 el último representante de la monarquía alemana en el poder.
(4) Las traducciones entre corchetes son del propio Hauteclocque.
(5) Kurt von Hammerstein-Equord (1978-1943), general de extracción aristocrática, comandante en jefe de la Reichswehr, cuyo hijo Kunrat participaría en el complot fallido contra Hitler en 1944, se opuso frontalmente al nazismo; su perfil irreductible fue descrito en la novela-documental Hammerstein o el tesón del poeta, ensayista y narrador H. M. Enzesberger.
(6) Fuerza de defensa del estado o ejército alemán durante la República de Weimar (1919-1935).
(7) Hauteclocque será uno de los primeros periodistas en hablar abiertamente de la existencia real de los siniestros campos de concentración.
(8) Planificada durante años, la incorporación, anexión o unión de Austria con Alemania en el seno de un mismo estado se produciría finalmente cinco años después, en marzo de 1938.
(9) Del alemán welsch, término al que Voltaire da el sentido de galo, porque principalmente se dirigía a los franceses, es medianamente peyorativo y significa «extranjero que no habla la lengua germánica»; sería el equivalente a nuestro franchute o gabacho.
Traducción y nota: Manuel Ángel Gómez Angulo

Información adicional

Peso 800 g
Dimensiones 17 × 24 cm

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