Jun/17

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Texto de Pedro Pérez Ramos en la presentación de ‘Besos de la Tarde’, de Bartolomé Pérez Sánchez de Medina

Pedro Pérez Ramos.

Pedro Pérez Ramos.

Texto: Pedro Pérez Ramos

Bartolomé presenta de nuevo otra obra, esta vez poética, cuyo título se denomina Besos de la tarde, un conjunto de cuarenta y tres poemas con un lenguaje sencillo, bello, elegante, tan elegante que llega a todo el mundo, olvidando la pedantería expresiva y léxica. En sus composiciones no sólo se muestran sentimientos abiertos empapados en versos, sino también se narran situaciones presas de un espiritualismo amoroso.
Haciendo un breve análisis del libro que presentamos aquí y hoy, al hablar de los personajes, existen dos protagonistas que acaparan la presencia de la totalidad de la obra; “Tú te aproximas a una incipiente rosa blanca y con los dedos la desprendes y yo cojo otra diminuta…”. Tú y yo, sujetos de la intimidad amorosa “con el placer encarnado del eterno momento sostenido de un beso”. Ese tú y yo representan los protagonistas de los que uno es el lector y el otro la persona imaginada o real, desde el espíritu, el sentimiento o la experiencia, con la que se comparte la vida, unos años, un verano, un fin de semana, un momento…

Respecto al espacio, Besos de la tarde muestra un entorno físico que parece reflejar, en primer lugar, un decorado preñado de naturaleza con”altos piares” de pájaros, presentando un “campo sonriente” con “almendros” que “despertaban virginales como besos”.

Por otra parte, las referencias a Ubrique son patentes en la tremenda mayoría de las composiciones, ya que “el sol sobre la sierra se exprimía rosado”, “nuestros corazones encendidos sienten cercano el fresco arrullo de los Nueve Caños” o “Mira el puente del Manga, te apiadas triste-piedra a piedra se derrumba, como un lento llorar hasta agotar la última lágrima”. Incluso podemos ver la referencia a un rincón del que se precia todo ubriqueño, al observar que el alma, “sola, y la conduce en sombras, lastimada, a la entrada del Calvario”.

Por último, el mar es el tercer testigo de la temática de la obra: el amor. Ese paisaje es la playa, donde “bostezos, cual latigazos largos, lentos, de blanca espuma, besan exhaustos, muertos, la reposada arena”.
Estas tres referencias espaciales, aparte de presenciar de forma cómplice, en silencio, los momentos compartidos de los dos amantes, intesifican esos instantes idílicos , puesto que “La Manga se ha callado en luz de ahumada plata y, en la distancia última, está inflamado el cielo de moradas caricias y rojas claridades.
Te miro, me sonríes, y en un beso expresamos rebosantes el gozo”.

Para hablar sobre el tiempo en este libro de Bartolomé, el título habla por sí solo en este terreno: “Besos de la tarde”. Sin embargo, esa tarde representa un espejo que parece reflejar no el conocido momento del día, sino la edad de los protagonistas que se sumergen en el encanto del amor que están viviendo. Se trata, pues, supuestamente, de dos personas que han llegado a una edad madura, pero que viven su idilio como dos adolescentes desde su experiencia actual.

Así, la referencia temporal viene acompañada con “alegre prisa, exprimida en sudor de sol anaranjado”.
Además, esa experiencia amorosa es compartida en una diversidad muy amplia de situaciones, una de las cuales se presenta con “vamos a recibir una nieta a la vida” , “un trocito de amor, de vivo amor, chiquito…”.
Por otro lado, la referencia a los meses del año es constante a través de las páginas de la obra que estamos presentando, haciendo un recorrido por todas las estaciones del año. Así podemos ver: “La tarde en abril”, o “Es primavera. Llueve”, o“Es agosto encendido”. Estas indicaciones temporales suelen aparecer al comienzo de los versos de las distintas composiciones para condicionar el entorno donde se sitúa el instante sentimental expresado.
También, la noche reclama su presencia en varios poemas de forma tal que “la noche se anunciaba celosa…”.

No hay que olvidar que el paso del tiempo suele hacerse interminable en el embeleso del amor de los amantes, ya que en “sólo una eternidad contenida en nosotros y el mar”. Esa eternidad se derrama no sólo en el instante, sino en el continuo resurgir del dulce recuerdo vivido.

Para terminar, el amor, como se puede deducir, es la auténtica temática de “Besos de la tarde”. Ese amor toma una forma espiritual en “Hundiste la mirada en el blando regazo de tu alma”.
Sin embargo, ese amor aparece también de forma pasional expresándose con el cuerpo como protagonista “en entrega salvaje;…el goce de nuetra sangre se adueñó de los cuerpos…”.
Un amor y otro son complementarios, ya que no se deben olvidar las referencias a los besos, palabra que participa del título de esta obra: “… tus ojos y los míos se miran hasta el alma para unir en los labios los dos tibios sabores”.

Finalmente, deseo acabar esta presentación con unos versos de Bartolomé pertenecientes a este libro que acaba de nacer:
La sierra está vestida
de bondad dorada:
es sol a media tarde
de umbral de primavera.
-¿Por qué, amor, tristeza
es el aire al mirarnos?
Subamos a robar
el resplandor lejano;
subamos a la sierra,
a esa ermita sin huerto,
templo que a las alturas
dirige las plegarias;
subamos al Calvario,
donde crece la fe,
sostenida por vuelos
de esperanza; subamos,
amor mío, verás
las sombras de tu frente.

[Pedro Pérez Ramos es licenciado en Filología Francesa por la Universidad de Sevilla y profesor de Francés en el IES Rodrigo Caro de Coria del Río (Sevilla). Es autor de las siguientes obras inéditas: “Le Hibou, método de Francés” y “Bontekoe, de Alexandre Dumas, novela adaptada al nivel de francés de la ESO “. Además, es autor de los siguientes trabajos de investigación: “Retales literarios de autores franceses y españoles acerca del periodo napoleónico” y “El mitema de la mujer fatal en la narrativa de Valle-Inclán y Barbey d’ Aurevilly”].

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